sábado, 2 de enero de 2010


-Habla en serio, por favor.
-Lo estoy haciendo -insistió con la mirada resplandeciente ahora-. ¿Querrás hacerme el favor de escuchar mis palabras? ¿Me dejarás que intente explicarte cuánto significas para mí?

Esperó, estudiando mi rostro mientras hablaba para asegurarse de que le estaba escuchando de verdad.

-Bella, mi vida era como una noche sin luna antes de encontrarte, muy oscura, pero al menos había estrellas, puntos de luz y motivaciones... Y entonces tu cruzaste mi cielo como un meteoro. De pronto, se encendió todo, todo estuvo lleno de brillantez y belleza. Cuando tú te fuiste, cuando el meteoro desapareció por el horizonte, todo se volvió negro. No había cambiado nada, pero mis ojos habían quedado cegados por la luz. Ya no podía ver las estrellas. Y nada tenía sentido.

Quería creerle, pero lo que estaba describiendo era mi vida sin él, y no al revés.